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La Villa de los Papiros en Herculano

15 Jul

En el año 79 d.C., la erupción del Vesubio sepultó bajo toneladas de ceniza y lava las ciudades de Pompeya y Herculano, acabando con la vida de miles de ciudadanos y ocultando grandes tesoros de la cultura úniversal.

Reconstrucción virtual de la villa de los papiros.En Herculano se encuentra la Villa de los Papiros, uno de los más famosos descubrimentos de la arqueología romana. Se extendía a lo largo de 250 metros paralelos a la línea de la costa y estaba compuesta por un grupo de habitaciones y un jardín con piscina de 66 metros. Poseía el edificio un gran peristilo de 100 metros de largo con 25 columnas sobre los lados mayores.

Fue bautizada como Villa de los Papiros  porque allí fue encontrada una biblioteca con unos 2000 papiros carbonizados, pertenecientes a una antigua biblioteca filosófica con textos latinos y, mayoritariamente, griegos, conservados actualmente en la Biblioteca Nacional de Nápoles. Los rollos en un principio fueron confundidos con trozos de carbón pero, descubierto el error, fueron pacientemente desenrollados y descifrados, restituyendo textos epicúreos que en la época republicana debió comprar su dueño, Lucio Calpurnio, bajo el consejo de su amigo, el filósofo epicúreo Filodemo de Gádara.

Pequeños retratos de medio cuerpo de antiguos literatos y filósofos indicaban sobre los estantes las subdivisiones por autores, destacando el del fundador de la corriente filosófica, Epicuro.

Durante años los papirólogos se sometieron a una fatigosa lectura con el microscopio, aunque actualmente son sometidos a nuevas tecnologías, como las imágenes multi-espectrales a través de rayos infrarrojos, que permiten la lectura de líneas antes irreconocibles.
La hipótesis mejor valorada sobre su propietario dice que éste fue el suegro de César, Lucius Calpurnius Piso Cesoninus. Intentó mostrar, a través de la decoración de la villa, su poder político-militar y su cultura, eligiendo para ello exponer numerosas esculturas según un preciso programa decorativo, en el que estaban representados figuras de generales, filósofos y literatos griegos, situándose en el centro la estatua de Atenea, patrona de la cultura.

Actualmente se debate si se deberían seguir con las excavaciones. Algunos expertos aseguran que sólo se ha rescatado la mitad de los papiros, por lo que se considera que se podrían recuperar páginas enteras de la literatura universal, puesto que los textos de los autores clásicos han llegado a nuestros días principalmente por las copias realizadas en la Edad Media, y las excavaciones nos permitirían rescatar las versiones originales, y también obras desconocidas. Uno de los argumentos en los que se basa esta afirmación es el alto número de escritos griegos encontrados en esta biblioteca latina, cuando lógicamente, por la época de la que estamos hablando, los textos latinos deberían ser mayoritarios.

Fuente: Umberto Papalardo.

Reapertura de la Biblioteca Vaticana.

5 Jul

El 20 de Septiembre de 2010 reabrirá sus puertas la Biblioteca Apostólica Vaticana después de 3 años de cierre por reformas por obras motivadas por el peligroso estado de la estructura de una de las alas del edificio en que, a finales del siglo XVI el Papa Sixto V ubicó esta institución.

Para paliar la inquietud de la comunidad científica por el cierre de la biblioteca, se ideó un sistema que implicara también a los usuarios en las reformas. Para ello se puso en marcha un boletín que informara periódicamente del estado de las obras, de forma que se pudieran seguir los plazos de renovación del edificio.

Además de reorganizar sus fondos, la institución vaticana ha modernizado buena parte del edificio, haciendo más fácil el trabajo de los investigadores. También, con el fin de modernizar la seguridad de los fondos, ha ideado una etiqueta dotada con un chip que emite una señal gracias a la que se puede saber en todo momento dónde se encuentra el libro y quién ha solicitado la consulta.

Para el prefecto de la biblioteca, Monseñor Cesare Pasini, la biblioteca “custodia el saber y la cultura desde una perspectiva universal, como es la propia Iglesia”. Y realza el valor de la institución que dirige: “Hace siglos que el hombre habría perdido la posibilidad de disfrutar de manuscritos, incunables o libros impresos de extraordinario valor y belleza si no hubieran sido custodiados por El Vaticano, que los ha considerado siempre un tesoro. Esta biblioteca representa algo muy importante para la humanidad.”

Entre estas joyas se encuentran manuscritos con las obras de Virgilio, la Biblia Urbinate procedente de la biblioteca de Federico da Montefieltro, una edición de la Divina Comedia de Dante, ilustrada por Sandro Boticcelli o el papiro Bodmer 14-15, que contiene los Evangelios de Lucas y Juan escritos en el siglo II.

Fuente: La Razón.

LA BIBLIOTECA DE CELSO EN ÉFESO

26 Jun

La ciudad de Éfeso fue fundada por los griegos entre los siglos X y IX a.C, alcanzando su apogeo en los siglos II a.C y III d.C, siendo entre esos siglos la ciudad más populosa de Asia Menor y una de las más importantes del Imperio Romano. De esta época data la construcción de la biblioteca de Celso, llamada así porque fue erigida en honor de Tiberio Julio Celso Polemeano, procónsul de Asia, por su hijo Gayo Julio Aquila Polemeano en el año 110 d.C. 
 
La biblioteca fue construida encerrada entre otros edificios, siendo sólo visible al exterior la fachada, situada frente a una pequeña plaza, mostrándose desde aquí en todo su esplendor. La fachada fue levantada convexa,  jugando asimismo con el tamaño variable de las columnas, de tal forma que se lograba el efecto de hacerla parecer más grande de lo que realmente era.


 
En el interior, la única sala de la biblioteca tenía 16 metros de altura, y estaría cubierta por un techo de madera, meintras que el suelo estaba cubierto de mármol de varios colores. Enfrente de la entrada se encontraba un ábside de cuatro metros de vano. Para conseguir proteger el edificio de las temperaturas extremas y el exceso de humedad, se construyeron muros dobles, garantizando por la circulación del aire. Entre ambos muros corrían pasadizos semiocultos de un metro de anchura, a los que se accedía por unas pequeñas y estrechas puertas situadas en ambos lados del edificio. Parecida técnica se encuentra en la biblioteca de Pérgamo.

 
Los anaqueles para los libros estaban colocados en 10 nichos situados en los muros interiores. Sobre un podio que recorría el perímetro interior de los muros se levantaba una hilera de columnas que probablemente soportaban dos galerías balaustradas superpuestas, a través de las cuales e accedería a los nichos para libros situados en la parte superior. Todo ello le daba a la biblioteca una capacidad de almacenamiento de 12.000 volúmenes, una de las más grandes de la época.
 
Sin embargo, no se tienen noticias de los libros que se conservaban en la biblioteca. Sólo se sabe que el hijo de Celso financió la construcción y la compra de libros, labor que finalizó su nieto. No obstante, siguiendo el modelo de las bibliotecas públicas romanas, es posible que constara de dos secciones, una para libros escritos en latín y otra para libros escritos en griego, que debido a la herencia helenística de Asia Menor, serían la mayoría. Asimismo, siguiendo las costumbres griegas y romanas, las lecturas se harían en el exterior del edificio, sentados en los escalones de entrada o paseando por la plaza. Como se hacía en aquella época, la lectura se hacía en voz alta.

La biblioteca se mantuvo en funcionamiento hasta el año 262 d.C., año en el que se produjo la invasión de los godos. La bilblioteca fue incencdiada, conservándose únicamente el muro frontal. Las labores de restauración se iniciaron casi inmediatamente, finalizándose alrededor del siglo IV, volviendo a ser incendiada también en esta fecha

BIBLIOTECAS EN EL IMPERIO ROMANO

20 Jun

A finales de la República, el hábito de la lectura estaba muy extendido en Roma y en las ciudades del Imperio, pues había numerosos maestros, el aprendizaje no era complicado y las exigencias de la vida cotidiana, así como las tareas administrativas, requerían conocimientos de lectura y escritura.

César, al conocer la famosa Biblioteca de Alejandría, quiso construir una semejante en Roma, aunque no vio cumplido su deseo. Fue Augusto el impulsor de dos grandes bibliotecas públicas, una ubicada en el Campo de Marte y otra en el Palatino. Ambas estaban porticadas y contaban con dos secciones dedicadas a los libros griegos y romanos respectivamente, la decoración incluía bustos de los autores. También cabe destacar la Biblioteca Ulpia, una de las más famosas de la Antigüedad, mandada construir por Trajano en su foro.

En las bibliotecas de la antigua Roma los libros se colocaban en estanterías denominadas plutei; pegmata si los estantes se hallaban fijados a la pared. Los espacios que formaban los elementos verticales y horizontales eran llamados foruli y nidi, nidos. Cuando el códice sustituyó al volumen, se generalizó el uso del armaria, armario.

Los patricios y los romanos ricos solían disponer de su propia biblioteca, tanto en sus casas de la ciudad como en sus residencias campestres. Vitrubio recomendaba destinar como biblioteca una sala orientada hacia el este, que, además de biblioteca, servía para recibir a los amigos.

GRANDES BIBLIÓGRAFOS: Hernando Colón y la Biblioteca Colombina

19 Jun

Hernando Colón (1488 – 1536) podía haber pasado únicamente a la historia por ser el hijo de Cristóbal Colón, fruto de su relación con Beatriz Henríquez de Arana. Sin embargo, destaca más en él su condición de gran bibliógrafo y creador de la Biblioteca Colombina. Fue entre los años 1505 y 1510 que Hernando Colón comenzó a viajar por Europa con la intención de reunir una gran biblioteca, que ya contaba con 238 libros en gran parte heredados de su padre. Con este fin, visitó primero diversas ciudades españolas, entre ellas Barcelona, Madrid, Zaragoza, Medina del Campo y Valladolid. Sin embargo, enseguida vio que para adquirir la mayor y mejor cantidad de libros tendría que viajar más lejos, por cuanto había un gran número de libros de los que de otra forma nunca tendría noticia. Así, viajó a Florencia, Londres, Bruselas, Colonia, Lyon, Roma o Lovaina, donde conoció a Erasmo. De esta forma, consiguió reunir en su biblioteca unos quince mil cuatrocientos libros, de los cuales unos quinientos son incunables, y un importante archivo de documentos relacionados con el descubrimiento de América, además de gran cantidad de pliegos de literatura popular, que él llamaba “obrezillas“.

La idea de Hernando Colón era formar la biblioteca total, reuniendo en ella todos los libros que se imprimieran. En un memorial a Carlos V declara esta propuesta: “Que haya cierto lugar en los reinos de V.M. a do se recojan todos los libros y de todas las lenguas y facultades que se podrán por la Cristiandad, y aun fuera de ella, hallar.”

Por la Cristiandad y aun fuera de ella: Compró toda clase de libros, sin restricciones de tipo ideológico y de idioma. Siempre estuvo a la caza de la última novedad, sustituyendo una edición por otra si consideraba que la última era mejor, encargándose personalmente de las adquisiciones en los viajes que realizó por Europa. Con pasión desmedida, incluso en las cercanías de la muerte, siguió comprando libros. Deseaba, también, que su colección le sobreviviera.

Para alimentar la biblioteca ideó el siguiente sistema. Un mercader de Sevilla se encargaba de depositar en algún banco o gran mercader de Lyon cien ducados de oro cada mes de abril. Entonces, éste se ponía en contacto con otros cinco mercaderes residentes en cinco ciudades europeas (Venecia, Nuremberg, Roma,  Amberes y París), los cuales encargaban a un librero de cada ciudad la adquisición de las últimas novedades por valor de doce ducados, que se remitirían a Lyon. Aquellos libros que, por falta de presupuesto, no pudieron ser adquiridos, se debían registrar con sus descripciones bibliográficas y precio, con idea de comprarlas en otra ocasión. Una vez recibidos por el mercader de Lyon, éste los pagaba y remitía a Medina del Campo, donde los recogería el mercader sevillano.

Respecto al funcionamiento interno de la biblioteca, se sabe que los bibliotecarios conseguían la plaza mediante oposición a realizar en Salamanca. Una vez admitido, el opositor se obligaba a residir tres años en su oficio, el primero de formación y los otros dos para dar verdadero rendimiento, pudiéndose prorrogar por tiempo indefinido cobrando un salario de diez mil maravedíes, pagado por cuatrimestres, además de disponer de una habitación cercana a la librería con una mesa y una cama, un banco de madera y un armario. El horario de trabajo era, en verano, de 8 a 11 de la mañana y de 2 a 4 de la tarde. En invierno, de 9 a 12 y de 3 a 5 de la tarde. Fue concebida como una biblioteca semipública en la que no estába permitido el préstamo.

En cuanto a la ubicación de la biblioteca, Hernado proyectó en 1526 la edificación de un palacio en la Puerta de Goles, en la muralla de la ciudad junto al  Guadalquivir. Se decidió construirla en alto para protegerla de las crecidas del río, y orientarla hacia la Cartuja, donde se encontraban los restos de su padre y su tío. La biblioteca se instaló en las distintas habitaciones de la planta baja.

El destino de la biblioteca tras la muerte de Hernando y cómo la biblioteca colombina acabó en una nave adyacente al Patio de los Naranjos, es historia que contaremos en otra ocasión.

Fuentes:

– Klaus Wagner, La biblioteca colombina en tiempos de Hernando Colón, Universidad de Sevilla, 1992.

– José Fernández Sánchez, Historia de la bibliografía en España. Madrid, 1987

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La biblioteca de Pérgamo

25 May

   Cuenta la leyenda Plinio el Viejo que el pergamino se inventó en Pérgamo, consecuencia de la lucha  por el dominio cultural e intelectual que mantenía esta ciudad con Alejandría. Al parecer, el rey de Egipto Ptolomeo (205-182 a.C) decretó un embargo en la exportación de papiro, lo que propicio la invención del pergamino en la corte de Eumenes II, rey de Pérgamo. Sin embargo, la realidad apunta a una invención anterior,  puesto que se sabe que en el siglo V ya era utilizado por los griegos de Asia Menor. Lo cierto es que la relación entre el pergamino y Pérgamo es evidente, tal vez motivada porque la ciudad se convirtió en un gran centro productor y exportador de este material. En cualquier caso, el pergamino demostró ser un mejor soporte para la escritura, más resistente y aprovechable, puesto que permitía escribir por ambas caras.

    Localización de PérgamoLa biblioteca de Pérgamo fue fundada por el rey Atalo I, que reinó entre los años 241 y 197 a.C., y formó parte del plan de convertir a la ciudad en el gran foco de la cultura helenística, rivalizando directamente con la Alejandría Ptolemaica. Pero fue su hijo, Eumenes II el gran impulsor, mecenas y enriquecedor de la biblioteca, que según dice Plutarco, llegó a conservar más de 200.000 volúmenes, aunque se cree que el número fue inferior, y que el engorde de esta cifra se debió a la necesidad de aumentar el prestigio de la biblioteca. 

    Lo cierto es que la rivalidad cultural entre Alejandría y Pérgamo fue continua. Escribió Alfonso Reyes que mientras que “Alejandría se inclina al conocimiento exacto y a las depuraciones textuales, Pérgamo prefiere las libres interpretaciones, por desgracia muy alegóricas y con frecuencia harto quiméricas. Si Alejandría se consagra preferentemente a la crítica de la cultura verbal, Pérgamo extiende su crítica a una variedad de disciplinas: historia del arte con Antígono Caristeo; viajes y epigrafía con Polemón de Ilión o Periegeta; topografía con Demetrio de Escepsis; cronología con Apolodoro Ateniense; filosofía estoica, gramática y literatura con Crates de Malo”. Tal era la rivalidad trocada en enemistad, que desde Pérgamo se apoyaban todas aquellas investigaciones filológicas que podían poner en desventaja a Alejandría. 

   Teatro de PérgamoLo cierto es que ambas bibliotecas corrieron una suerte final paralela, si no en la forma, sí en el tiempo. Tras el incendio de la biblioteca de Alejandría en el año 47 a.C, tras el enfrentamiento marítimo entre Julio Cesar y los egipcios, Marco Antonio, para recompensar las pérdidas, envió al Serapeo de Alejandría los 200.000 volúmenes conservados en la biblioteca de Pérgamo, que había sido previamente saqueada en medio de las continuas luchas políticas de entonces. Así al menos lo cuenta Plutarco en una de sus Vidas paralelas.