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BIBLIOTECAS LLEVADAS AL CINE

20 jun

 

Una de las secciones que empezaremos a desarrollar mi compañero de viaje, el Sr. Tutmundo y yo, Ada Augusta, será describir y analizar aquellas bibliotecas que encontremos en las películas que vayamos visualizando durante este verano de 2010.

Esta nueva tarea es complicada por cuanto requiere el visionado completo de la película, así como la extracción de un fotograma significativo que permita ver la biblioteca, pero al mismo tiempo es una forma agradable y amena de unir dos mundos fabulosos en nuestras vidas, como son: el cine y las bibliotecas.

BIBLIOTECAS EN EL IMPERIO ROMANO

20 jun

A finales de la República, el hábito de la lectura estaba muy extendido en Roma y en las ciudades del Imperio, pues había numerosos maestros, el aprendizaje no era complicado y las exigencias de la vida cotidiana, así como las tareas administrativas, requerían conocimientos de lectura y escritura.

César, al conocer la famosa Biblioteca de Alejandría, quiso construir una semejante en Roma, aunque no vio cumplido su deseo. Fue Augusto el impulsor de dos grandes bibliotecas públicas, una ubicada en el Campo de Marte y otra en el Palatino. Ambas estaban porticadas y contaban con dos secciones dedicadas a los libros griegos y romanos respectivamente, la decoración incluía bustos de los autores. También cabe destacar la Biblioteca Ulpia, una de las más famosas de la Antigüedad, mandada construir por Trajano en su foro.

En las bibliotecas de la antigua Roma los libros se colocaban en estanterías denominadas plutei; pegmata si los estantes se hallaban fijados a la pared. Los espacios que formaban los elementos verticales y horizontales eran llamados foruli y nidi, nidos. Cuando el códice sustituyó al volumen, se generalizó el uso del armaria, armario.

Los patricios y los romanos ricos solían disponer de su propia biblioteca, tanto en sus casas de la ciudad como en sus residencias campestres. Vitrubio recomendaba destinar como biblioteca una sala orientada hacia el este, que, además de biblioteca, servía para recibir a los amigos.

Adiós a José Saramago

20 jun

Los restos mortales de José Saramago, escritor portugués y premio Nobel de Literatura, abandonaron Lanzarote, su residencia habitual, en un avión de las Fuerzas Aéreas portuguesas, para llegar a la capital portuguesa, Lisboa,  donde se ha dispuesto la capilla ardiente. Esta permanecerá hasta el domingo, sus restos serán incinerados en una ceremonia civil en el cementerio lisboeta del Alto de San Juan, y sus cenizas se repartirán después entre su pueblo natal, Azinhaga, y su residencia de Tías, en Lanzarote.

Sobre José Saramago
Nació en Azinhaga un municipio a 120 km al noreste de Lisboa, el 16 de noviembre de 1922. Sus padres fueron José de Sousa y Maria da Piedade, una pareja campesina sin tierras y de escasos recursos económicos.

Tras un breve paso por Argentina, donde se aficionó al dulce de leche y el mate, a la edad de 12 años entró en una escuela industrial. Algunas de las asignaturas eran humanistas, en sus libros de texto, Saramago se encontró con los clásicos, textos que incluso podía recitar de memoria en sus últimos años. Saramago tuvo que dejar sus estudios para ayudar a mantener su familia. Al mismo tiempo se leyó toda la biblioteca pública de su barrio. Entre los pocos ejemplares de su propiedad, figuraban textos de escritores argentinos.

Trabajando de administrativo en la Seguridad Social, se casa en 1944 con Ilda Reis, Saramago comienza a escribir la que acabará siendo su primera novela: Terra de pecado, que se publicó en 1947 aunque no tuvo éxito, no dejó de escribir desde entonces.

Trabajó como periodista en Diario de Noticias, un periódico de alcance nacional, pero por razones políticas pronto es expulsado. Fue crítico literario de la revista Seara Nova, comentarista cultural,  muy vinculado a la política, se hizo miembro del Partido Comunista Portugués (cuando éste todavía era clandestino).

Su primera gran novela fue Levantado do chão (1980). En los siguientes años, Saramago publica casi sin descanso: Memorial do convento (1982), donde cuenta las más duras condiciones de vida del pueblo llano en el oscuro mundo medieval, en épocas de guerra, hambre y supersticiones.

La novela El Evangelio según Jesucristo (1991) lo catapulta a la fama a causa de una polémica sin precedentes en Portugal. En 1998 gana el premio Nobel de Literatura por Ensayo sobre la ceguera, convirtiéndose en el primer escritor (y hasta ahora el único) de lengua portuguesa en ganar este premio. Desde entonces compartió su residencia entre Lisboa y la isla canaria de Lanzarote participando en la vida social y cultural de ambos países.
 
Falleció a los 87 años, el día 18 de junio de 2010, en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote, Las Palmas) debido a una leucemia.  Saramago escribió hasta el final de su vida, pues se dice que llevaba 30 páginas de una próxima novela.
 
José Saramago, ser universal, nos deja sus obras, ahora a nosotros nos queda hacer honor a ese impresionante legado.

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